Amigos de El Boletin del Pescador… les cuento que hay días en los que el mar decide abrir sus cofres y regalar una jornada de esas que quedan grabadas a fuego en el agua salada. Eso fue exactamente lo que vivimos en nuestra última salida de pesca de altura en Mar del Plata, embarcados con un verdadero referente del área: Cristian Prado. Con la promesa de ir a buscar los gigantes de las profundidades, soltamos amarras temprano, con el frío del amanecer pegando en la cara y la ansiedad picando más fuerte que cualquier pez.
El rumbo estaba claro: navegar mar adentro, dejar atrás la costa y buscar los bancos y restingas profundas donde los grandes habitantes del Atlántico encuentran su refugio. Cristian, con la precisión quirúrgica que lo caracteriza y el ojo puesto en la ecosonda, nos llevó directo al corazón de la acción. «Preparen los equipos, muchachos, que acá abajo hay fiesta», anticipó. Y no se equivocó.
Un festival de escamas: El turno de los salmones y meros
Fue llegar, armar los aparejos con buenas carnadas frescas y soltar las líneas buscando el fondo. La respuesta no se hizo esperar. Casi en simultáneo, las cañas empezaron a acusar toques firmes, seguidos de esas llevadas violentas que te obligan a clavar con alma y vida.
Los primeros en dar el presente fueron los meros. Y qué portes, señores. Ejemplares robustos, combativos, de esos que se aferran a las piedras y exigen trabajar el reel con paciencia y muñeca firme. Sacar esos «mounstros» del fondo ya pagaba la salida, pero el plato fuerte todavía estaba por venir.
De repente, una de las cañas se duplicó. El freno del reel empezó a cantar esa música que todo pescador lleva en el alma. La pelea fue limpia, pesada y agónica. Tras unos minutos de pura tensión y brazos cansados, el agua transparente dejó ver un color rojizo inconfundible: un salmón de mar soberbio, una verdadera mole que Cristian recibió con el copo con la maestría de siempre. La cubierta de la embarcación estalló en aplausos. No fue el único; la racha siguió y logramos redondear una cosecha de salmones excelentes, de esos que asombran por su porte y su pelea.
El toque de distinción: Los besugos
Para coronar una jornada que ya era perfecta, los besugos sumaron su cuota de color y sutileza. Con sus tonos rosados y su pique característico, aparecieron para completar los cajones y demostrar la riquísima variedad que ofrece el mar argentino cuando se combinan el factor climático, un grupo sintonizado y, por sobre todo, la capitanía de alguien que conoce el agua como la palma de su mano.
Balance de la jornada: Una pesca de altura con todas las letras. Cantidad, calidad y la tremenda calidez humana a bordo. Volvimos al puerto con los brazos acalambrados, los cajones llenos y la certeza de que, cuando el mar y el guía se alinean, Mar del Plata no tiene competencia.
Si están buscando una aventura extrema en el mar, no lo duden: la experiencia con Cristian Prado es garantía de pesca pesbada y recuerdos para toda la vida. ¡Hasta el próximo lance, amigos de El Boletín del Pescador!
Cristian Prado – Info: 2236980011 WhatsApp








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