Comenzamos esta primavera 2016 con unos días realmente agradables para que las grandes tarariras despierten con hambre de señuelos. Es sabido que cada pescador tiene sus lugares favoritos para buscarlas, y esperamos ansiosamente que el agua caliente lo suficiente para intentar engañar a las “Reinas de los desbordes”,como las llamo en épocas de crecidas.

Mi objetivo en esta pesca es buscar siempre superar mi record para la especie. Luego de poner a punto los equipos y confirmar que el nivel del rio sea el adecuado, partimos hacia el Rio Paraná Pavón, en la zona de Ibicuy, con mi hijo Gonzalo, quien está haciendo sus primeras armas con grandes “tarangos” en Spinning prometiendo ser un gran pescador.

El primer desafío fue encontrar aguas templadas y bajas, donde la especie se ubica para cazar y estar a gusto luego de su invernada en las profundidades del cauce principal. Esta no fue tarea fácil, ya que demando mas de la mitad de la jornada, recorriendo con nuestro pequeño chinchorro y motor eléctrico, los bajos de lagunas que quedaron luego de la gran inundación de meses atrás, tarea lenta y sigilosa para no espantar a los monstruitos, que por grandes,ya saben muy bien aplicar sus mañas de supervivencia. Léase que los ejemplares de mas de tres kg. son extremadamente ariscas y desconfiadas. Pero nosotros teníamos lo nuestro: Buenos equipos, señuelos apropiados, vista, oído  y concentración, que fueron agudizándose a lo largo de años en el lomo estudiando su hábitat y su comportamiento.

Para las cuatro de la tarde solo teníamos el cansancio de haber recorrido palmo a palmo los juncos y pastizales de la orilla sin ver un solo movimiento. Pero siempre digo que la pesca es “Ilusión pura”,por eso pienso que en cada litro de agua puede estar la sorpresa. El premio a no bajar los brazos en la búsqueda llego al escuchar un tremendo chasquido en superficie en una playa alejada unos cincuenta metros de nuestra posición. Girando al unísono la cabeza vimos el borbollón. Se trataba de un gran playón ,limpio, sin yuyos, contenido con una amplia pared de juncos y salpicada con algunos duraznillos. Hermoso lugar. Sin haber tenido un pique, ya estábamos pescando ¡!!.Sin dudas el movimiento era de un gran ejemplar.

Instalados a tiro de caña probamos con señuelos de superficie ya que no había mas de veinte cm. de profundidad. Explotaron nuestros corazones al ver que los poppers generaban inmensos bulos y “nubes” de barro a su paso, pero increíblemente no lo tomaban. Insistimos una y otra ves pero solo lográbamos asustarlas. Esto sin dudas exigía el uso del plan “B”. En estos casos la experiencia dictaba que ,cuando no hay vegetación acuática que las proteja, a pesar de la poca hondura, el instinto  las hace resistentes a tentarse y asomar el hocico, sabiendo a la vez que el ruido de las primeras capturas las pondrían mas activas y quizá, menos temerosas.

Conclusión: Tres opciones, pequeños spinners , señuelos de sub-superficie de lento accionar ,o las llamadas gomitas. Optamos por las dos primeras por ser mas fáciles de lanzar, (no es conveniente acercarse demasiado). Ahora sí. Tomaban muchas menos de las que había concentradas, pero cada pique era de película, (de haber podido filmar hubiera sido fantástico). El gran porte de estos bichos exigía una fuerte parada de caña para que los triples penetren. Así y todo, clavar con fuerza no las movía ni un centímetro, semejando un enganche en un palo.

Después de eso “agarrate”.La pelea en tan poco agua era muy violenta y sacaban hilo mas de lo habitual, tratando de ganar un obstáculo donde guarecerse. Al cabo de tres o cuatro capturas debíamos alejarnos unos cuantos metros, espera un poco y comenzar los intentos en zonas mas tranquilas. Lo bueno, que parecían estar esperándonos y algunas ya tomaban a flote, haciendo la jornada redondita. Todos las capturas eran grandes,(calculo que una mas chica seria considerada comida). Hasta vimos saltar por el aire una desprevenida gallareta que cruzo la zona caliente.

Esta pesca fue inolvidable. No hizo falta batir ningún récord. El escenario, la quietud, el silencio del ambiente interrumpido por los mágicos sonidos de los reeles entregando multi y los señuelos crujiendo entre los dientes de semejantes tarariras, estaban haciendo una historia de esas que serán contadas miles de veces entre pescadores.

Roberto Ayala – Para El Boletin del Pescador

Consultas: info@boletindelpescador.com.ar

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