Si uno se encuentra con una yarará asoleándose, algo que es bastante común, no hay que interactuar con ella. La gente tiende a matarlas, lo cual es más peligroso que evitarlas, porque los animales tienden a defenderse y atacar. Si uno no les hace nada, es probable que ellas tampoco, debemos dar aviso si se encuentra en costas donde hay población.

Aquellos que va a pescar en zonas donde posiblemente hallan llegado camalotes de grandes dimensiones se les recomienda utilizar botas. El 70 por ciento de las mordeduras de yarará ocurren desde la rodilla hacia abajo. También es bueno usar guantes de cuero, más que nada cuando haya que remover palos, escombros y malezas. Además, hay que evitar transitar por zonas con pastos altos, ya que allí son menos visibles. Asimismo, es preciso no generar depósitos de basura donde podría haber roedores, que son el alimento de las yararás.

En caso de ser mordido hay que trasladarse urgente a un centro de asistencia médica. No usar torniquetes, ni aplicar cortes, que podrían producir hemorragias porque las yararás aplican un veneno anticoagulante.

Por último, es bueno saber el rol que tienen estos animales en el ecosistema al regular la población de roedores: “Las ratas son vectores de muchas enfermedades para los humanos, un problema más relevante que el de las mordeduras de serpientes, que registran un bajo índice.

En Argentina existen tres géneros de ofidios venenosos de importancia veterinaria y
médica: las “yarará”, con siete especies pertenecientes al género Bothrops, la “cascabel” que es una sola especie perteneciente al género Crotalus y las “corales”, con al menos seis especies pertenecientes al género Micrurus (*de Roodt y col.). Su distribución geográfica abarca prácticamente todo el país, desde las fronteras con Brasil, Bolivia y Paraguay hasta la Patagonia inclusive, exceptuando una angosta franja a lo largo de la precordillera y Tierra del Fuego.

En la Provincia de Buenos Aires sólo habitan dos especies de yarará, B. alternatus (“yarará de la cruz o grande”) y B. ammodytoides (“yarará ñata”) (Scanferla y Nenda, 2005). Ambas pueden ser halladas en Tandil, en zonas serranas, pajonales altos, piedras y principalmente en ambientes húmedos. Son animales de hábitos nocturnos y crepusculares, aunque los accidentes generalmente se producen durante el día, entre los meses de noviembre y abril, momentos en los cuales hay mayor interacción entre estos ofidios y las personas y sus mascotas (**de Roodt y col.).

De todos modos, es importante saber que las serpientes evitan el enfrentamiento contra otro ser vivo de mayor tamaño y, por lo general, al encontrarse frente a un perro, gato o persona, buscan rápidamente un refugio e intentan atacar únicamente en defensa.

⦁ ¿Qué debe hacerse ante la mordedura de una serpiente venenosa?
1.  Mantener al accidentado en reposo y tranquilo para retardar lo máximo posible la difusión del veneno por la vía sanguínea.
2.  Suministrar líquidos a voluntad. No dar bebidas alcohólicas.
3.  Aflojar los botones de la ropa, cinturones, fajas, relojes pulsera, pulseras, o cualquier elemento que provoque presión.
4.  Si se poseen elementos lavar la zona de la mordedura.
5.  Concurrir de inmediato al centro sanitario para recibir atención médica.

⦁ ¿Qué No debe hacerse ante la mordedura de una serpiente venenosa?
1. × No aplicar torniquetes. Esta medida agrava el bloqueo vascular, favoreciendo el síndrome isquémico-edematoso y la necrosis.
2. × No efectuar incisiones en la herida
3. × No cauterizar ni quemar la zona afectada.
4. × No suministrar bebidas alcohólicas ni estimulantes.
5. × No colocar soluciones caseras sobre la herida.
6. × No succionar el sitio de la mordedura.
7. × No administrar medicamentos caseros.